| Avui és dilluns, 6 d'abril de 2026 |
| << < [30] [31] [32] [33] [34] [35] [36] > >> | Joan F. Mira | El Temps, núm. 1520 | 30/07/2013
Continuem la mostra, i tornem de moment a La Española: “Aquí llegó una vez el gobernador que gobernaba esta isla con sesenta de caballo y más trecientos peones... y llegáronse más de trecientos señores a su llamada, seguros, de los cuales hizo meter dentro de una casa de paja muy grande los más señores por engaño, y les mandó poner fuego y los quemaron vivos...” En la mateixa illa, “El quinto reino se llamaba Higüey”, i allà penjaren la reina, “y fueron infinitas las gentes que yo vide quemar vivas y despedazar y atormentar por diversas y nuevas maneras de muertes y tormentos y hacer esclavos todos los que a vida tomaron.” Fra Bartolomé ho va veure en persona, i coneix molts altres horrors per informes directes de frares i bisbes: ell no s’inventa res, o molt poc. Com quan recorda el sistema d’“encomienda”, és a dir treball forçat o esclavitud massiva a canvi, en teoria, de bateig i doctrina cristiana, i el resultat: “Murieron ellos en las minas de trabajo y hambre, y ellas en las estancias o granjas de lo mesmo, y así se acabaron tantas y tales multitúdines de gentes de aquella isla, y así se pudiera haber acabado todas las del mundo.” A les illes, i a tot arreu: “Débese de notar otra regla en esto: que en todas las partes de las Indias donde han ido y pasado cristianos siempre hicieron en los indios todas las crueldades susodichas y matanzas y tiranías y opresiones abominables en aquellas inocentes gentes, y añadían muchas más y mayores y más nuevas maneras de tormentos...” L’horror, per tant, no era l’excepció, era la norma. Amb un gran esperit legalista, això sí, i carregats de raó monstruosa: com que, per propi decret, la terra “descoberta” era dels conquistadors, qualsevol resistència era una rebel·lió. Fins i tot si els “rebels” no ho podien saber ni ho sospitaven. Per això hi havia el “Requerimiento”: arribava la tropa prop d’una població, de nit, quan tots dormien, i a una certa distància, on ningú no els sentia, els nobles soldats llegien el paper oficial: “Caciques e indios desta tierra firme de tal pueblo, hacemos os saber que hay un Dios y un papa y un rey de Castilla que es señor de estas tierras: venid luego a le dar obediencia, etc. Y si no, sabed que os haremos guerra y mataremos y cativaremos, etc. Y al cuarto del alba, estando los inocentes durmiendo con sus mujeres e hijos, daban en el pueblo poniendo fuego a las casas, que comunmente eran de paja, y quemaban vivos los niños y mujeres y muchos de los demás antes de que acordasen. Mataban los que querían, y los que tomaban a vida mataban a tormentos porque dijesen de otros pueblos de oro o de más oro de lo que allí hallaban, y los que restaban herrábanlos por esclavos.”
Va ser un llarga història de mort i d’extermini, d’extrem a extrem, sense recança ni dubtes, torturant i matant cada dia. Com a Nicaragua, on el governador “Enviaba 50 de caballo y hacía alancear toda una provincia mayor que el condado de Rusellón, que no dejaba hombre ni mujer ni viejo ni niño a vida por muy liviana cosa...” I on els que no eren morts per l’espasa, la llança o el foc, podien caure després rebentats com a bèsties de càrrega: “Y acaeció vez de muchas que esto hizo que de cuatro mil indios no volvieron seis vivos a sus casas, que todos los dejaban muertos por el camino. Y cuando algunos cansaban y se despeaban de las grandes cargas y enfermaban de hambre y trabajo y flaqueza, por no desensartarlos de las cadenas les cortaban por la collera la cabeza y caía la cabeza a un cabo y el cuerpo a otro...” Així anaven les coses en la terra ferma, i a la Nueva España, en dotze anys, “son tantos y tales los estragos y crueldades, matanzas y destruiciones, despoblaciones, robos, violencias y tiranías, y en tantos y tales reinos de la gran tierra firme, que todas las cosas que hemos dicho son nada en comparación de las que se hicieron...” Durant “lo que ellos llaman conquistas” han mort “cuatro cuentos de ánimas”. El bisbe Las Casas no s’equivocava: “ells” en deien conquista, i era només crueltat, matança i destrucció. Cinc segles després, a Espanya en deien “encontre de pobles” o de cultures, i ho celebraven amb grans festes, alta velocitat, exposicions ruïnoses i l’entusiasme del govern socialista. No van llegir el llibre de Las Casas, ni el seu lament final: “Y por compasión que he de mi patria, que es Castilla, no la destruya Dios por tan grandes pecados contra su fe y honra cometidos en los prójimos...” Amén.
| Joan F. Mira | El Temps, núm. 1519 | 23/07/2013
Ja sabran disculpar-me lectors estimats, si aquests dies del ple de l’estiu, de calors i vacances, cervesetes i sol a la platja, els propose lectures cruels, tan allunyades, aparentment, de tot fet o interès actual. Però és el cas que jo mateix, aquest mes de juliol, en comptes de consumir llibres lleugers, he llegit, entre altres volums consistents, la Brevísima relación de la destruición de las Indias, de fra Bartolomé de las Casas, bisbe de Chiapas, obra tan coneguda de nom com desconeguda de fet, i de la qual he pensat que els podia oferir una curta antologia: tria de textos amb escàs comentari. Textos com aquest, que il·luminen l’obra exemplar dels conquistadors espanyols, la manera com van tractar aquelles gents: “Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte hasta hoy, y hoy en este día lo hacen, sino despedazallas, matallas, angustiallas, afligillas, atormentallas y destruillas por las extrañas y nuevas y varias y nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras de crueldad, de las cuales algunas pocas abajo se dirán, en tanto grado que habiendo en la isla Española sobre tres cuentos de ánimas que vimos, no hay hoy de los naturales dellas docientas personas.” Un “cuento” vol dir un milió, i Las Casas exagera: la població de La Española (Santo Domingo) no va baixar en pocs anys de 3.000.000 a 200, sinó “únicament” de 1.000.000 a 20.000! Però continuem: “De la gran tierra firme somos ciertos que nuestros españoles por sus crueldades y nefandas obras, han despoblado y asolado, y que estan hoy desiertas, estando llenas de hombres racionales, más de diez reinos mayores que toda España, aunque entre Portugal y Aragón en ellos... Daremos por cuenta muy cierta y verdadera que son muertas en los dichos cuarenta años por las dichas tiranías y infernales obras de los cristianos injusta y tiránicamente más de doce cuentos de ánimas, hombres y mujeres y niños...” Las Casas, ací, es queda curt: els càlculs actuals indiquen que la població destruïda en poques dècades, entre les illes i el continent, va arribar als 20.000.000. Segurament, en tota la història del món, mai tan pocs van fer tant de mal a tanta gent. Perquè els destructors eren molt pocs, a penes un grapat de milers en total, i els destruïts van ser innombrables. Per procediments com aquest, quan ocupaven poblacions indefenses: “Los cristianos, con sus caballos y espadas y lanzas comienzan a hacer matanzas y crueldades en ellos. Entraban en los pueblos ni dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría al hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres y daban de cabeza con ellas en las peñas... Otras criaturas metían a espada con las madres juntamente y todos cuantos delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a honor y reverencia de nuestro Redentor y de los doce apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos. Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca; pegándoles fuego así los quemaban.”
El terror era metòdic, extens, universal, i inconcebiblement cruel: “Comúnmente mataban a los señores y nobles desta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos, en aquellos tormentos desesperados se les salían las ánimas. Una vez vide que teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros) y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que verdugo, que les quemaba, no quiso ahogallos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen, y atizóles el fuego hasta que se asaron de espacio como él quería.” Supose que el capità pogué dormir sense molèsties. Com que no tots acceptaven de grat els avantatges de la conquesta, els que podien escapaven a les muntanyes, “huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano”, però els civilitzadors “enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco.”
| Joan F. Mira | El Temps, núm. 1518 | 16/07/2013
.jpg)
Pensant no tant en els seus avantpassats propis com en els pagesos dels pobles flamencs a una banda i a l’altra de la ratlla entre Bèlgica i França, la gran Marguerite Yourcenar escrivia cap al 1970 en Souvenirs pieux, el primer dels tres extraordinaris volums de memòries: “Patien, certament, dels mals que els progressistes ingenus del segle XIX van creure superats per sempre: en temps de carestia no tenien prou queviures, i per contra en temps d’abundància se n’atipaven amb un vigor que nosaltres no arribem a imaginar; però no se sustentaven d’aliments desnaturalitzats en l’interior dels quals circulen verins insidiosos. Perdien un tràgic percentatge d’infants en la primera edat, però es mantenia alguna forma d’equilibri entre el medi natural i la població humana: no patien el pul·lulament que produeix les guerres totals, desclassa l’individu i podreix l’espècie. Sofrien periòdicament la violència de les invasions; però no vivien sota la perpètua amenaça atòmica. Sotmesos a la força de les coses, no ho estaven encara al cicle de la producció frenètica i forçada i del consum imbècil. Fa cinquanta anys, o a penes trenta anys, aquest pas d’una existència precària de bèsties dels camps a una existència d’insectes que s’agiten en el seu termiter li semblava a tothom un progrés incontestable. Avui comencem a pensar d’una altra manera”.
La nena Marguerite Antoinette Cleenwerck de Crayencour, prop de seixanta anys després, recordava com era l’“existència precària” que havia conegut (sense haver-la patit en persona) als camps i poblets de l’Hainaut o del Pas-de-Calais, amb els ulls infantils i adolescents de qui els visita des de la ciutat o els contempla des del parc d’un château familiar. Això era l’any 1913, posem per cas, quan la nena en tenia només vuit, o poc abans i poc després. I ara, passat un segle sencer (i més de quaranta anys després d’aquell 1970 que ja sembla remot), qui sap si jo podria escriure pensaments molt semblants recordant el meu 1948 o el 1953, quan havien passat trenta-cinc o quaranta anys de la infantesa d’aquella xiqueta que era encara la fille Crayencour, no Yourcenar l’escriptora. Perquè a les primeries d’aquell segle XX, a les zones d’Europa ja amb un domini complet de la indústria es podien sentir plenament els efectes del gran canvi o gran pas que “li semblava a tothom un progrés incontestable”, però els efectes del gran canvi serien encara, poc més tard (sense comptar, o comptant, les mutacions i els sotracs de les dues grans guerres, primera i segona) més profunds, més extensos i més radicals.
Han sigut tan veloços i tan radicals, que al llarg de les dues dècades centrals del segle XX, entre 1940 i 1960, que són els anys de la meua infantesa, adolescència i primera joventut (els primers vint de la meua vida i de la vida dels meus companys de generació), en la major part d’Europa es completava definitivament el trànsit d’una època a una altra, d’una civilització encara amb molts components gairebé medievals (“una existència de bèsties del camp”) a allò que en podríem dir la modernitat consumada o contemporaneïtat, trànsit del qual solem estar tan contents i pagats (almenys fins ara, quan allò que anomenem “progrés” és una condició incerta i trencadissa). Va ser el temps en què als pobles i viles, i d’una altra manera també a les ciutats, es va produir un moviment geològic de fons, una commoció (material i social, cultural i moral) tan intensa que alterà ja per sempre l’experiència i les formes de viure.
La mutació ha sigut tan profunda, general i veloç com, molt probablement, en cap altre temps de la història: tant, que per als meus fills la meua vida d’infant i adolescent és gairebé incomprensible, i per als meus néts és una vida simplement inimaginable, és com un conte d’un temps remotíssim o de terres llunyanes i exòtiques. Per acostar-los només una mica a la meua infantesa, cal explicar el nombre infinit de les coses que “abans” existien i ells no han conegut ni poden conèixer, i el nombre igualment infinit de les que ara existeixen i “abans” no existien ni tan sols, moltes d’elles, en la ciència-ficció o en les càndides fantasies futuristes. Alguna cosa nova i mai no vista ens ha passat, quan jo puc imaginar i entendre la infantesa del meu avi, i els meus néts no poden entendre o imaginar la meua. Espere que els filòsofs de la història o els sociòlegs d’aquesta vida informàtica i líquida s’ocupen aviat d’explicar-nos quina és aquesta cosa.
| Joan F. Mira | El Temps, núm. 1517 | 09/07/2013
“Qui ho hauria cregut?”, es preguntava fa alguns dies l’editorialista de Le Monde: a menys de tres mesos de les eleccions legislatives a Alemanya, pareix com si els europeus es trobaren davant d’una nova Angela Merkel. No una Angela que s’oposa per sistema a la integració financera, la unitat bancària (que se suposa que ha de resoldre tants problemes, però jo no n’estic tan segur...) i a prendre en consideració res que no siga austeritat i estalvi. Sinó una Angela que, amb sorpresa general, ara es mostra favorable a un govern (o governació?) econòmic de la zona euro, fins i tot amb un president a temps complet. I que, nova meravella, afirma que la seua prioritat és la lluita contra la desocupació dels joves europeus (amb gran alegria dels estats presumptament beneficiaris i grans somriures satisfets de Mariano Rajoy).
Bé, doncs, resulta que la senyora Merkel ha presentat, de cara a les eleccions alemanyes de setembre, un programa amb promeses tan costoses i cares com les més “progressistes” que podria presentar l’esquerra. Una altra cosa és que, arribat el cas, aquestes promeses es puguen complir, però no sé si això té gran importància, vist com van les coses una mica pertot. Per començar, als mateixos pactes, tractes, acords i negociacions de les institucions de la UE, i més encara dins del grup de països de l’euro: es prenen acords preciosos, s’obliden o es deixen de banda, un any després es tornen a discutir, negociar i aprovar, i així fins a la pròxima conversa. Cada acord acordat queda pràcticament instal·lat als llimbs, i ni flueixen els crèdits per a les empreses, ni els joves han vist un euro per a afavorir l’ocupació, ni l’acumulació dels dèficits arriba mai a baixar (tal com passa exemplarment amb els governs espanyols successius: firmen el decret o la llei, l’envien al Butlletí Oficial de l’Estat, i problema resolt, perquè de l’aplicació mai no se’n parla). Però deixem-ho córrer: en alguna cosa han de passar l’estona, i fer com que fan però sense fer. I mentrestant, Frau Merkel, amb raó o sense (més sense raó que amb raó) és objecte general de crítica i sarcasme, a Grècia la pinten amb bigots de Hitler, a França i a Itàlia la miren amb recel, i a Espanya hom li atribueix públicament baixos instints perversos de domini, sadisme, crueltat i unes idees i un programa de destrucció massiva contra tota l’Europa no germànica. Pobra senyora, qui li ho havia de dir quan creixia en un país comunista, a casa d’un pare pastor luterà.
Resulta, però, que Angela Merkel no és cap estricta dominanta, ni tancada d’idees, ni un petit monstre amb aspecte innocent de mestressa de casa. És un personatge polític d’altíssima talla, capaç, a més a més, de canviar d’idea i de sorprendre. Per exemple, i no és banal: era partidària clara de l’energia nuclear, i el març de 2011, a l’endemà de la catàstrofe de Fukushima, no dubtà a programar l’abandó, en deu anys, de les centrals nuclears alemanyes. Cosa que l’esquerra francesa no ha fet ni farà, ans al contrari. Ara mateix, en la cimera sobre l’ocupació, es presenta com a impulsora dels programes en favor dels joves europeus, com una socialdemòcrata qualsevol. Frau Merkel, doncs, vista la realitat de les coses (la realitat real i la política), ha decidit afluixar el rigor, permetre que els ofegats respiren una mica. Per exemple, amb programes d’inversió i de despesa a Alemanya que incrementaran la demanda interior, i per tant les exportacions d’altres països. Si aquestes mesures i d’altres, i aquests canvis d’actitud, són purament tàctics o fruit d’una estratègia més àmplia, és una qüestió irrellevant: Frau Doktor Merkel, per educació i per convicció, és una governant perfectament racional (no com uns, i unes, altres...), i l’estratègia i la tàctica estan al servei d’una idea política: el principi de l’estabilitat, la seguretat i l’equilibri, en primer lloc per a Alemanya i, si pot ser, per a Europa sencera. Ens agradarà o no, però el fet és que ni l’esquerra alemanya ni les esquerres europees de govern no han presentat, fins ara, cap alternativa global efectiva i creïble: François Hollande, desinflat, n’és la prova més trista. I la resta, compta ben poc o no compta.
| Joan F. Mira | El Temps, núm. 1516 | 02/07/2013
Molt honorable senyor president de la Generalitat Valenciana. El firmant d’aquest escrit, Joan F. Mira i Casterà, natural de València i veí de Castelló, respectuosament sotmet a la vostra consideració: Un: Que ha tingut coneixement del text de la proposició no de llei que el síndic del Grup Parlamentari Popular ha presentat a la Mesa de les Corts Valencianes, demanant “la tramitació especial d’urgència sobre que es reconega per la RAE al valencià la seua categoria de llengua o idioma propi dels valencians”.
Dos: Que, atesa la urgència especial de la proposta, ha llegit atentament els raonaments que la sostenen, lectura que l’ha deixat profundament impressionat i passablement desconcertat. En primer lloc, perquè, en efecte, impressiona saber que la parla dels valencians parteix de la més profunda prehistòria, que s’escriu ja des del segle VI abans de Crist amb el llenguatge ibèric, i que “després de les aportacions successives a partir de les fenícies, gregues i llatines, ha arribat als nostres dies en la forma en què la coneixem”: es tracta d’una notícia o descobriment que revoluciona radicalment la prehistòria i la protohistòria del Mediterrani, els coneixements sobre la llengua dels ibers, i els fonaments mateixos de la filologia europea.
Tres: Que, per la transcendència que tal descobriment pot tindre en els àmbits científics i acadèmics internacionals, convindria que la Presidència de la Generalitat instara formalment les nostres universitats i altres institucions acadèmiques a aprofundir els estudis que amb seguretat han de donar més solidesa a aquestes informacions; i convindria igualment que el govern valencià promoguera la celebració d’un gran congrés internacional sobre un tema de tan gran transcendència i que pot aportar un immens prestigi a la nostra Comunitat, titular d’una llengua tan rigorosament excepcional quant als seus orígens i evolució.
Quatre: Que, amb la mateixa especial urgència, la Generalitat Valenciana, i especialment la Conselleria d’Educació i Cultura, s’hauria de posar en contacte amb la Diputació General d’Aragó per tal d’establir convenis de col·laboració per investigar paral·lelament la llengua iberovalenciana i la llengua aragonesa pròpia de l’àrea oriental (LAPAO), descoberta també en dates molt recents i també per via parlamentària, les quals probablement tenen un mateix fons comú que explicaria la seua absoluta singularitat.
Cinc: Que aquestes iniciatives, si tingueren èxit, podrien alterar el criteri de la Real Academia Española (lloable objectiu de la proposta del Grup Popular a les Corts), criteri sostingut pel president i una vintena de membres de la RAE, ja fa anys, en un document que afirma: “Es culturalmente aberrante todo intento (como el que contemplamos ) de desmembrar el País Valenciano de la comunidad idiomática y cultural catalana por la que, como escritores e intelectuales españoles, no tenemos sino respeto y admiración, dentro de la cual el País Valenciano ha tenido y tiene un lugar tan relevante.”
Sis: Que, per tal d’aportar una prova definitiva de la immensa distància entre la llengua iberovalenciana i l’anomenada valencianocatalana, em permet comparar, a manera de mostra, uns paràgrafs de la sol·licitud presentada a les Corts amb la seua traducció. Versió original: “En la cultura ibèrica trobem els valencians el germen de la nostra actual, plasmada de manera fefaent en els monuments arqueològics que es van descobrint: festes, costums, folklore, economia, religió, societat i llengua...” Versió traduïda al valencià-català: “En la cultura ibèrica trobem els valencians el germen de la nostra actual, plasmada de manera fefaent en els monuments arqueològics que es van descobrint: festes, costums, folklore, economia, religió, societat i llengua.” Versió original: “Les aportacions gregues i romanes, visigòtiques i bizantines, musulmanes, castellanes, catalanes, europees i mediterrànies en general, africanes, judaiques i americanes s’assimilen transformant-les en la direcció de la nostra pròpia idiosincràsia.” Traducció al valencià-català: “Les aportacions gregues i romanes, visigòtiques i bizantines, musulmanes, castellanes, catalanes, europees i mediterrànies en general, africanes, judaiques i americanes s’assimilen transformant-les en la direcció de la nostra pròpia idiosincràsia”.
Per tant, sol·licita: Que, davant d’aquesta evidència i de les consideracions anteriors, prenga urgentment les mesures oportunes per protegir la nostra llengua iberovalenciana de qualsevol intent d’assimilació o de confusió amb altres idiomes.
| Joan F. Mira | El Temps, núm. 1515 | 25/06/2013
Passen els anys, passa el temps, i veig que aquesta Unió Europea que ens fa cavil·lar tant (i que cada vegada més gent, per ignorància i per dissort, contempla com a antipàtica i estranya) no solament no aconsegueix definir-se per dins, sinó que no sap ni tan sols concretar on comença i on vol arribar. Les crisis, siguen de finances o de fe, solen acabar i resoldre’s en algun moment i d’alguna manera, però els temes de fons continuen. I en tot cas, un dels temes subterranis, subjacents, ha estat i és els dels límits d’això que duu el nom d’Europa, la filla bellíssima d’un rei asiàtic, raptada per Zeus en forma de toro. Fins on arriba aquesta màquina, territori, superpaís, organisme, el que siga, que ara en diem Unió Europea com a sinònim implícit d’Europa? Ha d’arribar de l’Atlàntic als Urals, com defensava De Gaulle? (però si Rússia és Europa, arribarà fins a Vladivostok...).
Si Europa és un continent, Àsia (per exemple Turquia, l’Asia Minor dels romans) pot ser també part d’Europa? Ja sé que són preguntes de parvulari, però les preguntes infantils són les que més costen de respondre: què hi ha allà dalt del cel, què hi ha al fons de la mar, d’on vénen els Reis d’Orient, què vol dir ser europeu? Jo, per tant, només puc explicar quina és l’Europa que considere verdaderament meua: on és, i fins on és, que em trobe a casa. He escrit més d’una vegada que la meua és l’Europa del gòtic, o més exactament l’Europa on a les viles i a les ciutats hi ha esglésies gòtiques, que és l’Europa a l’oest d’una ratlla sinuosa que aniria no sé si d’Hèlsinki a Bari o de Croàcia a Carèlia, possiblement amb illes i excepcions als dos costats. Vull dir que, quan vostès viatgen i en cada ciutat troben l’arquitectura gòtica que ens és tan familiar (familiar fins i tot quan està mig coberta o coberta del tot per afegits barrocs de guix i de fusta daurada, com passa sovint a València, o per monuments funeraris de marbre gris i negre, com passa a Suècia, a Polònia o a Flandes), poden estar segurs que es troben encara en un país on també ens són familiars altres coses: allà hi ha hagut universitats antigues, Renaixement, humanisme, il·lustració, alguna forma de consells urbans autònoms, associacions de mercaders (sovint els consells o les llotges eren també bells edificis gòtics), i molts llibres en llatí. Després hi ha hagut un poc de revolució francesa de rebot, un poc o un molt de les formes i els usos de la democràcia, unes certes tradicions literàries, molts llibres en la llengua del país, i algunes coses més que ací no caben. Quan el gòtic s’acaba, s’acaba també tot això, o més ben dit, això no ha existit mai, o no de manera significativa. A l’altra banda de la ratlla és una altra Europa, una altra història: sense humanisme ni llibertats urbanes, ni ciència ni llatí, ni il·lustració ni enciclopèdia, i això deixa senyal.
A l’altra banda hi ha esglésies ortodoxes daurades i fosques i sense bancs per a seure-hi, hi ha encara capellans coberts de negre dels peus al cap i amb cabells fins als muscles, hi ha tradicions ininterrompudes d’autocràcia, hi ha l’empremta de l’imperi tsarista o de l’imperi turc, i de Bòsnia a Bulgària hi ha moltes mesquites. Jo comprenc que, per aquelles raons que en solem dir estratègiques, aquesta construcció que ara té el nom d’Unió Europea (ha tingut altres noms, qui sap quins tindrà) ha d’expandir-se a l’est fins a límits que encara no sabem. Comprenc que és així, i que segurament no pot ser de cap altra manera. Però també entenc que això cause, a l’Europa del gòtic, més d’un moment d’incertesa, més d’una reacció de desfici o de por. Ara com ara, hi ha dins de la Unió tres antics territoris de l’imperi Otomà, Grècia, Bulgària i Romania, països sense gòtic, i m’estalvie reflexions poc optimistes. De manera que encara no sabem quins són els límits d’Europa, els límits morals i mentals, històrics, humans, culturals, presents i futurs: i una realitat de la qual no es coneixen els límits, no se sap quina mena de realitat és. Si el límit fóra el gòtic, seria una realitat “clara i distinta”, com volia Descartes. Com que ja no és així, no podem saber què és. I ho sabrem menys si també ha d’incloure Turquia, on les dones tornen massivament a portar vel al cap, començant per les dones del president i del cap del govern, on la televisió pública fa cobrir Heidi amb calçons llargs i posa vel a la senyoreta Rotenmeier. I on un ministre de l’Interior, de viatge oficial pel país, pregunta pel plat saborós que li han servit i, en saber que incloïa vi entre els ingredients, fa destituir el governador. Perquè Europa pot ser moltes coses, però això no.
| | << < [30] [31] [32] [33] [34] [35] [36] > >> |
|
|